EN LAS MANOS DEL ALFARERO
¿Estamos en las manos de Dios? Si la contestación a la pregunta es
afirmativa, entonces, tenemos que comprender y aceptar el señorío que Él
tiene sobre nosotros. "Reconoced que Jehová es Dios; él nos hizo, y no
nosotros a nosotros mismos..." (Salmo 100:3 RV60). Hay muchas personas
que no tienen ningún problema en aceptar a Cristo como Salvador, pero
experimentan serios problemas en aceptar a ése Salvador como el Señor y
Dueño absoluto de sus vidas.

Hay una idea equivocada de que el Señor nos ha hecho siervos suyos. ¡Es
todo lo contrario! Nosotros mismos, los que nos hemos arrepentido de
nuestros pecados, voluntariamente nos negamos a nosotros mismos y
sometimos nuestra voluntad a la voluntad absoluta de Dios. ¡Fue una decisión
completamente voluntaria! En la Biblia, la ilustración del alfarero, es utilizada
muchas veces para describir la soberanía que Dios tiene sobre sus criaturas.
Y cuando una persona se arrepiente de sus pecados, y acepta a Cristo en su
corazón como Salvador personal, debe también comprender que lo debe
aceptar de igual manera como el dueño y Señor de su vida. "Ustedes saben
muy bien que si se entregan como esclavos a un amo para obedecerlo,
entonces son esclavos de ese amo a quien obedecen. Y esto es así, lo mismo
si obedecen al pecado, lo cual lleva a la muerte, que si obedecen a Dios para
vivir una vida de rectitud" (Romanos 6:16 DHH). El verdadero hijo de Dios
es aquel que se somete al Señor. Cristo mismo confirma esto con sus
palabras: "Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando" (Juan 15:14
DHH). Es maravilloso contemplar la hermosura de la Palabra de Dios. Somos
siervos del Señor porque Él es soberano, pero Él no nos trata como a
esclavos, sino que ha preferido llamarnos "amigos".

Muchas personas dicen que aman a Dios, pero esto no tiene valor para Dios,
especialmente por lo que Cristo mismo dijo: "Si ustedes me aman,
obedecerán mis mandamientos" (Juan 14:15 DHH). También encontramos
otra escritura que dice: "No es el que me dice: ¡Señor!, ¡Señor!, el que entrará
en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre del Cielo"
(Mateo 7:21 VCP).

Estar en las manos de Dios es algo maravilloso. Cuando estamos en us
manos, podemos regocijarnos en sus promesas: "los justos están en la mano
de Dios" (Eclesiastés 9:1 RV60). Cristo afirmó esta poderosa afirmación:
"Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida
eterna; y no perecen jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano" (Juan 10:27-28
RV60). Si tenemos tan bellas promesas de seguridad, ¿por qué, pues,
dudamos en muchas circunstancias? ¿Por qué no podemos resistir las
tentaciones y los desánimos? Cristo está con nosotros--no hay nada que
temer.

Así nos ministra la Palabra de Dios: "Y sabemos que a los que aman a Dios,
todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito
son llamados" (Romanos 8:28 RV60). Si usted continúa leyendo los versos
restantes en el capítulo 8 de Romanos, podrá ver que en esta vida tendremos
luchas, pruebas y grandes dificultades--algo que Cristo mismo le había
advertido a sus discípulos en Juan 16:33. Es posible que hasta el mismo
infierno nos levante guerra. En este mundo sufriremos, derramarémos
lágrimas, y experimentarémos muchos dolores--pero todo obra con un
mismo propósito: ¡nuestro bien!
Si en verdad amamos al Señor, guardamos Su Palabra, y permaneceremos en
Su mano poderosa. Podemos confiar en su bella promesa: "que el que
comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de
Jesucristo" (Filipenses 1:6 RV60).

Aunque sea doloroso, debemos estar dispuestos a permanecer en las manos
del Alfarero. Y aunque hoy no podamos comprender el "por qué" de tantas
cosas, debemos permanecer firmes a esa promesa de amor y de lealtad que le
hicimos al Señor. Aunque no sepamos lo que el futuro nos trae--debemos
estar seguros que el que dirige nuestras vidas es Aquel que se llama el
Camino, la Verdad y la Vida. (Juan14:6).

Apreciado Lector, hoy te quiero animar a que sigas en las manos tiernas y
amorosas del Señor. En ninguna parte de la Biblia hay garantías para una vida
libre de problemas y sufrimientos, pero se nos ha dado la garantía de que
Cristo estará con nosotros hasta el fin. Con Cristo, y sin Cristo, siempre
habrán problemas y tropiezos. Nosotros hemos decidido permanecer en las
manos del Alfarero, aunque sea doloroso. Oramos a Dios para que el Lector
de esta revista tenga la misma determinación, porque a fin de cuentas, Cristo
nos dice: "SI EN VERDAD ME AMAS, SÍGUEME".

Invitamos al Lector a que mantenga la posición de la victoria. Déje que el
Señor haga en su vida Su perfecta voluntad. El proceso puede ser doloroso,
pero ciertamente trae frutos de vida eterna y abundancia espiritual. Si usted
desea más ayuda espiritual, le invitamos a que se comunique con nosotros
hoy enviandonos un e-mail a www.pastor_estrada@elsenorseacerca.com


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